23-F: la noche en que la democracia española se puso a prueba



Cada 23 de febrero, España vuelve la vista atrás hacia una de las jornadas más decisivas de su historia reciente. El 23-F no es solo una fecha en el calendario: es un recordatorio de la fragilidad y, al mismo tiempo, de la resistencia del sistema democrático nacido tras la Transición. 

La tarde del 23 de febrero de 1981, mientras el Congreso de los Diputados votaba la investidura de un nuevo presidente del Gobierno, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpió en el hemiciclo pistola en mano, acompañado por un grupo de guardias civiles. Los disparos al techo y los gritos de “¡Quieto todo el mundo!” quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva de varias generaciones. 

En aquel momento, la joven democracia española atravesaba una etapa de incertidumbre. El desgaste político, la violencia terrorista y la crisis económica alimentaban un clima de inestabilidad. El Gobierno de Adolfo Suárez, artífice de buena parte de la Transición, había dimitido semanas antes, y el sistema parecía vulnerable a aventuras autoritarias. 

Durante largas horas, el país vivió pendiente de lo que ocurría dentro del Congreso y en los cuarteles. La televisión pública interrumpió su programación habitual, y millones de ciudadanos siguieron los acontecimientos con inquietud. La imagen de diputados retenidos en el hemiciclo simbolizaba el asalto directo a la soberanía popular. 

El desenlace llegó de madrugada, con el mensaje televisado del rey Juan Carlos I, vestido con uniforme militar, defendiendo la Constitución y el orden democrático. Aquella intervención resultó decisiva para frenar el golpe y aislar a los sublevados, consolidando el rechazo institucional al intento de involución. 

Más de cuatro décadas después, el 23-F sigue siendo objeto de análisis, debate y reinterpretación. Historiadores y periodistas continúan examinando documentos y testimonios que arrojan nuevas luces sobre lo ocurrido aquella noche. Sin embargo, el consenso básico permanece: fue un punto de inflexión que reforzó la legitimidad de la democracia española. 

Para quienes vivieron aquellos días, el aniversario mantiene una carga emocional evidente. Para las generaciones más jóvenes, en cambio, el reto consiste en comprender que las libertades actuales no son inevitables ni permanentes. El 23-F funciona así como una lección cívica: la democracia no solo se conquista, también se defiende. 

Recordar el 23-F no implica quedarse anclado en el pasado, sino asumir que la historia reciente sigue proyectando su sombra sobre el presente. En un contexto global donde resurgen discursos autoritarios, aquella noche de 1981 adquiere un nuevo significado: el de una advertencia y, al mismo tiempo, una afirmación de la capacidad de la sociedad española para resistir los embates contra sus instituciones. 

La televisión: de contenidos iniciales muy básicos a la telebasura de nuestros días.


La televisión ha sido uno de los medios de comunicación de más profundo impacto social en el siglo XX y el XXI. En España, su introducción tardía en comparación con otros países europeos y su evolución a través de diferentes marcos políticos y tecnológicos constituyen un objeto de estudio relevante para comprender la transformación de la sociedad española y sus prácticas culturales.

La televisión en España se inició oficialmente el 28 de octubre de 1956, cuando la cadena pública Televisión Española lanzó la primera emisión regular en blanco y negro mediante seña analógica desde Madrid. Este estreno marcó la introducción de un nuevo medio audiovisual en el país, aunque al principio la cobertura era muy limitada y sólo disponían de unos cientos de receptores en funcionamiento.

Tras su lanzamiento, TVE transmitió inicialmente contenidos muy básicos: noticias breves, una previsión meteorológica temprana y producción escasa de ficción. La televisión, desde sus inicioa, combinó elementos informativos y de entretenimiento, aunque con un fuerte sesgo hacia contenidos institucionales, religiosos o de exaltación del régimen, contexto sociopolítico dominante en la España de la posguerra.

Durante los años 60 y 70, la televisión en España aumentó progresivamente su cobertura geográfica hasta alcanzar casi todo el territorio, y dio el salto al color: las pruebas comenzaron a principios de los 70 y en 1977 ya se transmitía toda la programación en color de forma regular.

Hasta 1983, TVE mantuvo un monopolio estatal sobre la radiodifusión televisita. Ese año se inauguró Euskal Telebista (ETB) en el País Vasco, seguido por TV3 en Cataluña, lo que marcó el inicio de la televisión pública autonómica.

La liberalización del mercado culminó con la Ley de Televisión de 1989, que permitió la existencia de canales privados comerciales. En 1990 comenzaron a emitir a nivel nacional Antena 3, TElecinco y Canal+, consolidando un entorno audiovisual diversificado.

A finales de los años 90 y principios de los 2000 se emprendió al transición de la señal analógica a digital (TDT). Esta cambio, compleetado en 2010, permitió multiplicar la oferta de canales, mejorar la calidad de la señal e introducir servicios interactivos y de alta definición.

La televisión se consolidó como el principal medio de acceso a la información en España, especialmente durante momentos clave de la historia contemporánea: eventos políticos, crisis, elecciones y acontecimientos internacionales. Su capacidad para combinar imagen y sonido la hizo indispensable para la sociedad.

La televisión también ha jugado un papel central en la difusión de contenidos culturales, formativos y de entretenimiento, Proramas de ficción, documentales, eventos deportivos y espacios de debate han contribuido a definir modelos de conducta, gustos culturales y hábitos de consumo informativo y recreativo. la producción seriada nacional ha sido relevante en la construcción de narrativas colectivas nacionales y regionales.

En el período democrático, el pluraliso informativo se consolidó con la existencia de múltiples canales públicos y privados. No obstante, en años recientes se han producido debates sobre el sesgo informativo, la concentración del mercado televisido y la influencia de intreses políticos o comerciales, como ilustran denuncias internas en RTVE que generan preocupaciones sobre la neutralidad de ciertos programas.

En la actualidad, la telivisión tradicoinal coexiste con plataformas de streamins y contenidos online que transforman los hábitos de consumo audiovisual, La llegada de nuevos canales y servicios interactivos demuestra la continua adaptación del medio a las demandas del público.

La televisión en España ha recorrido un largo trayecto desde sus humildes comienzos en 1956 hasta convertirse en un medio diversificado, tecnológicamente avanzado y central en la vida social y cultural. Su evolución ha estadoi íntimamente ligada a los cambios políticos, regulatorios y tecnológicos del país.

Hoy, la televisión no sólo informa y entretiene, sino que también contribuye a la construcción del espacio público, influye en debates ciudadanos y sirve como plataforma para la expresión cultural y política, Al mismo tiempo, la emergencia de nuevos formatos y plataformas digitales modifica continuamente su papel, obligando a repensar su función en un entorno mediático cada vez más fragmentado.

El Cid, a su paso por Cihuela (Soria)


Castillo de Cihuela (Soria)
Fotografía: Fernando Navarro Henar

Sobre un cerro desde el que podemos contemplar todo el pueblo, aprovechando lo escarpado del lugar, encontramos los restos de en castillo que, en su día, fue propiedad de don Álvaro de Luna por donación del Rey Juan II de Castilla un 27 de julio de 1444. Actualmente, aunque aparenta estar bien conservado, lo cierto es que se encuientra en avanzado proceso de ruina.

Como en otros muchos lugares, también aquí se conservan mitos y leyendas. Se dice que, durante el destierro del Cid, en su camino hacia Valencia, al pasar por estas tierras, uno de sus siervos ofreció al Cid oler unas matas de espliego que despedían maravillosas fragancías diciçéndole: "Cid, huela". Según esta leyenda, ahí tendríamos el origen del topónimo Cihuela.


Polémico fallo


En nuestros días, existen momentos en los que las declaraciones de determinados representantes del mundo de la política rebasan con temeridad el límite de lo admisible. Es el caso del fallo del Tribunal Supremo en la cuestión de la condena al Fiscal General del Estado. Se está dando por hecho que se ha fallado sin pruebas, lo que vendría a significar, nada más y nada menos, que el Supremo habría violentado el artículo 24 de nuestra Constitución, dedicado a la presunción de inocencia.

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo está compuesta por juristas de reconocida competencia, con más de quince años de ejercicio profesional. Un Tribunal al que para acceder se requiere y valora la trayectoria profesional, experiencia en el orden jurisdiccional correspondiente, publicaciones jurídicas, docencia, sentencias relevantes y reconocimientos o méritos acreditados. Lo que hace difícil sospechar conductas antijurídicas por parte de sus magistrados.

Así, resulta harto dificil entender que el fallo objeto de injustificada polémica no se ha fundamentado en pruebas, lo que se está propagando por el gobierno con atrevida imprudencia.

Y si, en el supuesto de que la sentencia se base en pruebas indiciarias, resulta conveniente entender que una suma de pruebas indiciarias se convierte en una prueba de cargo.

Por tanto, carece de razón y de justificación estas descabelladas críticas al Poder Judicial que a ningún sitio van a llegar, si es que ese era el objetivo...conducir al descrédito de Jueces y Magistrados.


En defensa del Poder Judicial y de la separación de poderes.


La separación de poderes constituye uno de los pilares esenciales del Estado constitucional. En un sistema democrático, cada poder (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) está llamado a actuar dentro de sus competencias, controlándose recíprocamente para evitar abusos. Sin embargo, el Poder Judicial se encuentra en una situación singular: carece de capacidad política directa para defenderse y su legitimidad descansa exclusivamente en la ley, la imparcialidad y la calidad de sus resoluciones. Por ello, cuando se producen ataques desde el Ejecutivo, su reacción debe ser institucional, proporcionada y jurídicamente fundamentada.

En primer lugar, la mejor defensa del Poder Judicial es la transparencia. Las instituciones judiciales deben explicar con claridad las razones jurídicas de sus decisiones. Aunque los jueces hablan a través de sus resoluciones, en un contexto de debate público intenso resulta necesario que los órganos de gobierno del poder judicial (especialmente el Consejo General del Poder Judicial y los Tribunales Superiores) refuercen su comunicación institucional para evitar interpretaciones malintencionadas o distorsionadas. La transparencia no implica entrar en confrontaciones políticas, sino trasladar a la ciudadanía la seguridad de que las decisiones se adoptan de manera motivada, conforme a la ley y no a criterios partidistas.

En segundo lugar, el Poder Judicial debe defenderse mediante sus propios instrumentos jurídicos y orgánicos. La independencia judicial se protege a través de garantías como la inamovilidad, los procedimientos disciplinarios regulados y la autonomía funcional. Ante ataques directos que puedan comprometer esta independencia (sean declaraciones, presiones mediáticas o intentos de reformas apresuradas) corresponde a sus órganos internos emitir comunicados, requerir explicaciones institucionales y, en su caso, recurrir a instancias superiores, incluida la jurisdicción constitucional o europea.

En tercer lugar, es necesaria una defensa basada en la moderación y la estabilidad. El Poder Judicial no puede entrar en dinámicas de tensión política porque, a diferencia del Ejecutivo, no dispone de legitimidad derivada del sufragio, sino del sometimiento a la ley. Su fortaleza proviene precisamente de su capacidad para mantenerse ajeno al conflicto político, incluso cuando es criticado. La respuesta debe ser siempre institucional, nunca emocional.

Por último, el Poder Judicial debe reforzar su papel pedagógico: explicar qué es la independencia judicial, qué límites tienen los demás poderes y por qué la crítica es legítima, pero la deslegitimación sistemática pone en riesgo el Estado de Derecho. Una ciudadanía informada es, a largo plazo, la mejor garantía de protección.

En definitiva, el Poder Judicial debe defenderse no con política, sino con derecho, transparencia, rigor y firmeza institucional. Así preserva no solo su independencia, sino la calidad de la democracia misma.

50 aniversario de la muerte de Franco: memoria, prensa, contexto internacional y los ecos de un 20 de noviembre que cambió la historia de España

 



El 20 de noviembre de 1975 es una fecha que ocupa un lugar central en la historia contemporánea de España. Ese día falleció Francisco Franco, jefe del Estado durante casi cuarenta años, y se abrió la puerta a un proceso político que desembocaría en la Transición democrácita y la Constitución de 1978. Medio siglo después, el aniversario invita no sólo al recuerdo, sino también a la revisión crítica de un hecho que marcó a varias generaciones.

¿Cómo se vivió aquel día?, ¿cómo lo contó la prensa española e internacional?, ¿cuál es hoy la lectura histórica de ese acontecimiento?.

La agonía que anticipaba un final inevitable

Durante las semanas previas, la salud del dictador había empeorado notablemente. Los partes médicos, controlados por el aparato propagandístico, ofrecían información escueta, pero permitían entrever que el deterioro era irreversible. Los españoles seguían las noticias con una mezcla de inquietud y expectación.

La madrugada del 20 de noviembre, el Gobierno difundió un comunicado:
«Francisco Franco ha muerto».

Pocas horas después, el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, apareció en Televisión Española para anunciar oficialmente el fallecimiento en un mensaje que ha quedado grabado en la memoria colectiva por su tono grave y su frase inicial: «Españoles: Franco ha muerto.»

España ante el vacío de poder

La muerte del dictador no provocó un colapso institucional inmediato. El aparato estatal franquista había intentado blindar la continuidad nombrando a Juan Carlos de Borbón como sucesor a título de Rey en 1969. La proclamación se produjo el 22 de noviembre, apenas dos días después.

No obstante, el país entraba en un territorio desconocido. La estabilidad que el régimen proclamaba como su mayor logro se convertía ahora en incertidumbre. En las calles convivían el duelo oficial, la resignación silenciosa y el deseo —contenidamente expresado— de que se abriera una nueva etapa.

Cómo lo contó la prensa española

ABC

El periódico ABC publicó portadas solemnes, en un tono institucional que reflejaba la cercanía del diario al régimen. En la edición del 21 de noviembre aparecía una imagen del dictador y un relato detallado de sus últimas horas.

La Vanguardia

En La Vanguardia, la portada del 21 de noviembre (hoy accesible en la hemeroteca digital) mostraba un tratamiento informativo más sobrio, con referencias extensas a la repercusión internacional y al inminente proceso de sucesión.

Prensa provincial

Diarios de toda España imprimieron ediciones especiales. Las redacciones trabajaron durante la noche para preparar materiales extraordinarios: fotografías oficiales, comunicados gubernamentales y las primeras reacciones públicas.

Cabe recordar que El País aún no existía (aparecería en mayo de 1976), por lo que su visión crítica forma parte ya de interpretaciones históricas posteriores.

La mirada internacional

La reacción de la prensa extranjera fue inmediata y muy significativa. Los cables de AP y Reuter destacaban dos aspectos fundamentales:

  1. El final de un régimen autoritario que había sobrevivido a la posguerra europea.

  2. La incertidumbre respecto al rumbo político del país y el papel del nuevo rey.

Diarios australianos, británicos y estadounidenses recogieron la noticia en primera página, señalando que se abría en España un periodo decisivo y que Europa observaba con atención el desenlace.

La sociedad española entre el silencio y la expectativa

La España de 1975 no era la de 1939. Aunque el régimen seguía siendo autoritario, el país había cambiado profundamente:

  • se había producido un importante desarrollo económico desde los años 60,

  • la emigración había conectado al país con Europa,

  • y la sociedad civil comenzaba a organizarse en formas nuevas: asociaciones, movimientos vecinales, sindicatos clandestinos, círculos universitarios.

Muchos españoles vivieron el 20N como la desaparición de un símbolo político más que como el final de una estructura estatal que, en buena medida, seguiría activa durante la Transición.

El inicio de una transición compleja

Los historiadores coinciden hoy en que la muerte de Franco no instauró la democracia, pero sí eliminó el principal obstáculo para emprender la reforma política.

El proceso fue gradual, condicionado por múltiples factores:

  • Pulseos entre inmovilistas y aperturistas del régimen.

  • Presión social y laboral creciente.

  • Decisión del rey Juan Carlos y de Adolfo Suárez de desmontar el aparato franquista desde dentro.

  • Negociación política que desembocaría en las elecciones de 1977 y la Constitución de 1978.

Los estudios contemporáneos subrayan que la transición fue un equilibrio entre reforma y ruptura, más pragmática que ideológica.


Portadas y documentos de la época (reseña ampliada)

ABC (21/11/1975)

Portada ceremonial, fotografía del dictador, relato detallado de las intervenciones médicas finales.

La Vanguardia (21/11/1975)

Titular sobrio, referencia a la reacción internacional, y un seguimiento minucioso del mensaje gubernamental.

Agencias internacionales (AP / Reuter)

Crónicas centradas en el papel de Juan Carlos y en el temor a una posible inestabilidad.

Bibliografía ampliada

Estudios historiográficos

  • Preston, Paul. The Triumph of Democracy in Spain. Routledge. Análisis en profundidad del proceso de democratización.

  • Payne, Stanley G. & Palacios, Jesús. Franco: A Personal and Political Biography. University of Wisconsin Press, 2014. Biografía exhaustiva del dictador y su entorno.

Hemerotecas

  • ABC (crónicas y reconstrucciones).

  • La Vanguardia, edición del 21 de noviembre de 1975.

Fuentes abiertas

  • Death and funeral of Francisco Franco (cronología y documentación).

¿Vuelve la "mili"?


La cuestión de volver al servicio militar obligatorio es un tema complejo y muy sensible, porque mezcla elementos de defensa, educación cívica, sociología y política pública. 

Argumentos a favor de recuperar el servicio militar obligatorio: 

1. Refuerzo de la defensa nacional. En un contexto internacional más inestable, algunos sostienen que tener una reserva amplia de ciudadanos con formación básica militar podría mejorar la capacidad defensiva del país y actuar como elemento disuasorio.

2. Cohesión social. El servicio obligatorio mezclaba clases sociales, regiones y perfiles muy distintos. Hay quien defiende que fomentaba un cierto “pegamento” social y un sentimiento de pertenencia nacional difícil de conseguir por otras vías.

3. Madurez personal y disciplina. Parte de la población considera que el paso por la mili contribuía a adquirir hábitos de responsabilidad, autonomía y disciplina, especialmente en jóvenes sin un rumbo claro.

4. Alternativas civiles. En modelos modernos, como los del norte de Europa, el servicio “obligatorio” incluye opciones civiles, sanitarias o de protección civil, que podrían reforzar servicios públicos esenciales.

Argumentos en contra de restablecerlo:

1. Falta de sentido práctico en un ejército profesional. Las Fuerzas Armadas modernas requieren una alta especialización técnica. Un soldado profesional rinde muchísimo más que un recluta de pocos meses; integrar a miles de jóvenes sin motivación militar real podría incluso ser un coste más que un beneficio.

2. Coste económico. Restaurar la mili no es barato: cuarteles, personal instructor, material, manutención, logística… Sería una inversión multimillonaria para un rendimiento que muchos consideran limitado.

3. Impacto en la libertad individual. Obligar a toda una generación a interrumpir estudios o trabajo para cumplir un deber impuesto por el Estado genera resistencia, especialmente en sociedades donde la autonomía personal es muy valorada.

4. Problemas sociales y desigualdad. En la práctica, los sistemas obligatorios siempre han generado disparidades: exenciones, objeciones, desigual aplicación… Lo que se plantea como universal puede acabar siendo injusto.

  • Modelos intermedios que se debaten hoy: En Europa se discuten propuestas alternativas:
  • Servicio cívico universal voluntario pero incentivado, no necesariamente militar.
  • Conscripciones parciales, activables solo en casos de emergencia nacional.
  • Programas educativos preuniversitarios centrados en primeros auxilios, protección civil, ciberseguridad e instrucción básica no armada.

Estas fórmulas pretenden aprovechar lo positivo sin imponer un modelo obligatorio tradicional.

El debate es legítimo y suele resurgir en tiempos de incertidumbre internacional. Cualquier decisión debería basarse en:

  • Evaluación técnica real de si la mili mejora de verdad la seguridad.
  • Análisis de coste-beneficio para la sociedad.
  • Respeto a los derechos y trayectorias vitales de la juventud.
  • Alternativas no militares que puedan cumplir funciones de cohesión y servicio público.

Resbalones antológicos


Hay días en los que la política nacional parece más un sketch de humor que una sesión del Senado. Y ayer, allí, vivimos uno de esos momentos gloriosos en los que la solemnidad institucional se derrite como un helado en agosto. La protagonista: la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, que (entre papeles, cifras y una frase imposible de pronunciar) cometió un lapsus que ya ha pasado a la historia de los resbalones políticos.

Todo iba según el guion: preguntas tensas, respuestas medidas y ese ambiente en el que los senadores fingen que se escuchan unos a otros. Hasta que, de pronto, la vicepresidenta abrió la boca… y el español decidió tomarse el día libre. Las palabras se mezclaron, las sílabas se rebelaron, y lo que pretendía ser una declaración solemne terminó sonando como una mezcla entre trabalenguas y conjuro mágico..."queda Gobierno de corrupción para rato"... Hubo un silencio de esos que duran un segundo pero parecen una eternidad, y después… estalló la carcajada y la ovación.

Ella, con admirable reflejo político, intentó reconducir el desaguisado: sonrisa diplomática, mirada altiva y un “ya me entendéis” que no ayudó precisamente a recuperar la autoridad perdida. Pero ya era tarde. Las cámaras habían captado el momento, Twitter se llenaba de memes y los programas matinales encontraban su tema del día. Los asesores, mientras tanto, debían de estar rezando a todos los santos del protocolo para que el clip no acabara en TikTok (spoiler: sí acabó).

Lo curioso es que, en ese instante, el Senado pareció más humano que nunca. Porque si algo une a todos los mortales, desde el ciudadano medio hasta los altos cargos, es el incontrolable poder del lapsus. Lo malo es que cuando uno es vicepresidenta del Gobierno, el error fonético no se queda en la anécdota: se convierte en tendencia, en meme, y en tema de tertulia durante una semana.

Al final, el episodio no pasará a los libros de historia, pero sí al imaginario colectivo de la política patria. Y mientras los humoristas ya afilan sus guiones y los senadores opositores ensayan nuevas sonrisas maliciosas, solo cabe reconocer una cosa: pocas veces el Senado había estado tan entretenido.

Si el Gobierno quiere fomentar la participación ciudadana, tal vez esta sea la fórmula: un lapsus bien colocado, y todos atentos al directo.

¿Qué le ocurre al Real Zaragoza?


Hay silencios que duelen más que las derrotas, y el del #zaragocismo en estos días es uno de ellos. Quien haya sentido alguna vez el rugido de #LaRomareda en sus tardes de gloria, quien recuerde las gestas europeas, los goles imposibles y las noches mágicas de Copa, sabe que lo que hoy vivimos es más que una mala racha: es una herida abierta en el alma de un club histórico.

El Real Zaragoza, ese equipo que fue orgullo de Aragón y respeto en toda España, se arrastra ahora por la Segunda División con la mirada baja, sin alma ni rumbo. Los resultados hablan por sí solos: derrotas que se acumulan como losas, empates que saben a poco y una sensación de que el abismo del descenso acecha cada jornada. Y lo peor no son los números, sino la apatía, la desconexión entre la grada y el césped, entre la historia y el presente.
Porque este club no nació para sobrevivir —nació para soñar. Nació para levantar trofeos como la Recopa de Europa de 1995, para regalar al fútbol joyas como Nayim, Pardeza, Esnáider o Milito. Nació para enseñar que, incluso en la derrota, se podía jugar con orgullo y con clase. Pero hoy, ¿dónde está esa identidad? ¿Dónde quedó ese espíritu batallador que hacía temblar a los grandes?
La gestión deportiva parece errática, sin un proyecto claro, sin una dirección que inspire confianza. Los entrenadores pasan como sombras, los fichajes llegan sin convicción y la cantera, antaño fuente de esperanza, languidece sin oportunidades. La Romareda, testigo de tantas epopeyas, se ha convertido en un estadio triste, donde el murmullo del desencanto sustituye a los cánticos de ilusión.
Y, sin embargo, el zaragocismo no muere. No puede morir. Porque en cada aficionado que aún acude, en cada niño que se pone la camiseta blanca y azul, en cada recuerdo de una remontada imposible, sigue latiendo la esperanza. Quizá eso sea lo más zaragocista de todo: seguir creyendo cuando creer duele.
Ojalá el club despierte antes de que sea demasiado tarde. Ojalá quienes dirigen entiendan que el Real Zaragoza no es solo un equipo: es una parte de la identidad de toda una tierra. Y que lo que está en juego no es una categoría, sino la dignidad de un sentimiento que se resiste a desaparecer.

Relato histórico del viaje de Marco Valerio Marcial de Bilbilis a Roma

 

Marco Valerio Marcial
(fotografía: Fernando Navarro Henar)

Nací en Bilbilis, en la provincia Tarraconense, una ciudad erguida sobre una colina áspera, orgullosa de sus murallas, de sus termas y de su teatro. Nuestro municipium había recibido el rango por Augusto, y desde entonces nos considerábamos romanos en todo, salvo en la distancia que nos separaba de la Urbe[1]. Allí crecí entre maestros que me inculcaron el amor por las letras, pero pronto comprendí que la fama literaria no podía alcanzarse en Hispania. Roma era el centro del mundo. En ella habían brillado Séneca y Lucano, mis compatriotas hispanos, caídos bajo Nerón[2]. Si yo quería que mi nombre no se extinguiera en la provincia, debía emprender el mismo camino.

En torno al año 64 d.C., aún en el reinado de Nerón[3], partí de Bilbilis hacia Caesaraugusta, colonia fundada por Augusto a orillas del Ebro[4]. Desde allí, siguiendo las calzadas que cruzan la Tarraconense, me uní a mercaderes que llevaban aceite y vino hacia Tarraco, capital de la provincia. Las mansiones de posta y los campamentos legionarios nos recordaban que el poder de Roma se extendía hasta los confines.

En Tarraco embarqué en una nave mercante. El mar era la vía más rápida hacia Italia, aunque nunca segura. Compartí travesía con soldados licenciados, comerciantes y esclavos destinados a Roma. El Mediterráneo era un mosaico de culturas: hicimos escala en Massalia, en Córcega y en pequeños puertos donde la diversidad del Imperio se mostraba en lenguas y rostros distintos.

La navegación no estuvo libre de peligros. Los marineros hablaban de piratas, y más de una tormenta nos obligó a permanecer refugiados en bahías apartadas[5]. Yo, sin embargo, veía en todo ello una escuela de observación: la arrogancia de un mercader, la resignación de un esclavo, la rudeza de los marineros. Todo era materia futura para mis epigramas. Finalmente alcanzamos Ostia, el gran puerto de Roma. Allí comprendí lo que significaba gobernar el mundo: grúas de madera descargaban trigo africano, mármoles griegos y especias orientales[6]. Desde Ostia remonté el Tíber en una embarcación fluvial. Cada recodo del río mostraba almacenes, villas y templos.

Y de pronto, Roma. Ninguna palabra basta para describir lo que sentí al ver aquellas murallas, foros y acueductos. El bullicio me abrumó: pregoneros, carros, sacerdotes, soldados y esclavos se mezclaban en un torbellino humano. El Coliseo aún no estaba terminado —sería inaugurado bajo Tito en el 80[7]—, pero los circos y teatros ofrecían espectáculos constantes.

Llegué con recursos modestos, confiando en mis versos más que en la fortuna. Roma, bajo Vespasiano y luego bajo Tito, se reconstruía tras el gran incendio y las guerras civiles[8]. Encontré protectores que me permitieron subsistir y, con el tiempo, bajo Domiciano, alcancé cierta posición en los círculos literarios[9].

Mis primeros años fueron difíciles. Sin tierras ni oro, dependía del patronazgo y de la benevolencia de mecenas. Pero comprendí que Roma era un océano: podía hundirme en él como tantos otros, o bien usar sus corrientes para hacerme oír. Mis versos breves y mordaces, nacidos de la observación, fueron mi única riqueza.

Hoy sé que aquel viaje desde Bilbilis fue más que un desplazamiento. Fue el inicio de mi verdadera vida. Abandoné Hispania con temor, pero en Roma hallé la ocasión de forjar memoria. Y aunque nunca dejé de recordar las colinas de mi ciudad natal, entendí que solo en la capital del Imperio podía alcanzar la inmortalidad de la palabra.

Notas

[1] Bilbilis Augusta fue elevada a municipium por Augusto (27 a.C.–14 d.C.). Véase: A. Beltrán Martínez, *Bilbilis Augusta* (Madrid: CSIC, 1980).
[2] Séneca y Lucano, ambos hispanos, murieron tras la conjura de Pisón (65 d.C.), en época de Nerón. Véase: Tácito, *Anales* XV.
[3] Marcial nació en torno al 40 d.C. y viajó a Roma alrededor del 64 d.C. Cf. Plinio el Joven, *Epist.* III, 21.
[4] Caesaraugusta fue fundada como colonia inmune hacia el 14 a.C.
[5] Estrabón describe los riesgos de la navegación mediterránea en *Geografía* III, 4.
[6] El abastecimiento de Roma a través de Ostia está documentado en Suetonio, *Vespasiano* VIII.
[7] El Coliseo fue inaugurado en el 80 d.C. bajo Tito. Cf. Dion Casio, *Historia Romana* LXVI, 25.
[8] El gran incendio de Roma ocurrió en el 64 d.C.; las guerras civiles del 68–69 culminaron en la subida al poder de Vespasiano.
[9] Marcial dedicó muchos de sus libros a Domiciano. Cf. Marcial, *Epigrammata* I, Praefatio.

Bibliografía

- Beltrán Martínez, A. *Bilbilis Augusta*. Madrid: CSIC, 1980.
- Marcial. *Epigrammata*. Ed. y trad. J. Domínguez. Madrid: Gredos, 1997.
- Plinio el Joven. *Cartas*. Ed. A. Fontán. Madrid: Gredos, 1999.
- Suetonio. *Vidas de los doce césares*. Ed. A. Ramírez de Verger. Madrid: Alianza, 2012.
- Tácito. *Anales*. Ed. A. Ramírez de Verger. Madrid: Alianza, 2004.
- Dion Casio. *Historia Romana*. Ed. E. Cary. Loeb Classical Library.

Análisis técnico y jurídico del artículo 14 de la Constitución Española de 1978

 


Introducción

El artículo 14 de la Constitución Española (CE) de 1978 constituye uno de los pilares fundamentales del orden constitucional. Este precepto proclama el principio de igualdad ante la ley y la prohibición de discriminación, situándose en el núcleo de los derechos fundamentales reconocidos por la Carta Magna. Desde una perspectiva dogmática, el artículo 14 actúa como cláusula general de igualdad, proyectando su eficacia sobre todo el ordenamiento jurídico y sobre la actuación de los poderes públicos y de los particulares.

Texto del artículo 14 CE

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Naturaleza y ubicación sistemática

El artículo 14 se ubica en el Título I (“De los derechos y deberes fundamentales”), Capítulo II (“Derechos y libertades”), Sección 1.ª (“De los derechos fundamentales y de las libertades públicas”). Por tanto, se trata de un derecho fundamental, de aplicación directa e inmediata (art. 53.1 CE) y tutelable mediante el recurso de amparo constitucional (art. 53.2 CE). Como señala De Otto y Pardo, el principio de igualdad recogido en este artículo “no constituye una mera directriz programática, sino una norma jurídica de eficacia inmediata que vincula a todos los poderes públicos” (Derechos fundamentales y libertades públicas, 1991).

Estructura y contenido normativo

El precepto contiene dos enunciados normativos claramente diferenciados:

  1. Principio general de igualdad ante la ley (“Los españoles son iguales ante la ley”).
    → Afirma la igual sujeción al ordenamiento jurídico y la prohibición de privilegios arbitrarios.

  2. Prohibición de discriminación (“sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de…”).
    → Establece una enumeración abierta de causas de discriminación, incluyendo una cláusula residual (“cualquier otra condición o circunstancia personal o social”) que permite su adaptación evolutiva.

Como ha destacado Peces-Barba, el artículo 14 “se configura como una norma de estructura mixta: formal, por cuanto garantiza la igualdad en la ley; y material, en tanto impide desigualdades arbitrarias o carentes de justificación razonable” (Curso de Derechos Fundamentales, 1999).

La doble dimensión de la igualdad: formal y material

La igualdad formal se refiere al trato idéntico ante la ley, es decir, a la prohibición de que el legislador o los poderes públicos establezcan diferencias arbitrarias entre personas o grupos. Por su parte, la igualdad material —en conexión con el artículo 9.2 CE— impone a los poderes públicos la obligación de promover las condiciones necesarias para que la igualdad sea real y efectiva. El Tribunal Constitucional (TC) ha sostenido reiteradamente que la igualdad no implica uniformidad, sino la prohibición de tratamientos desiguales no justificados. Así, la STC 22/1981, de 2 de julio, estableció que el principio de igualdad “no prohíbe cualquier desigualdad de trato, sino sólo aquellas que resulten arbitrarias o carezcan de una justificación objetiva y razonable”.

La prohibición de discriminación

El artículo 14 contiene una enumeración no exhaustiva de causas de discriminación prohibidas: nacimiento, raza, sexo, religión y opinión. La fórmula final —“cualquier otra condición o circunstancia personal o social”— actúa como cláusula abierta, permitiendo la inclusión de nuevos motivos conforme a la evolución social y a los tratados internacionales de derechos humanos. El Tribunal Constitucional ha interpretado de manera expansiva esta cláusula, incorporando causas como:

  • La filiación (STC 200/2001).

  • La orientación sexual (STC 41/2006).

  • La edad o discapacidad (STC 62/2008).

Según López Guerra, esta apertura responde a la voluntad del constituyente de “asegurar la adaptación del principio de igualdad a la dinámica social y a la jurisprudencia internacional” (Derecho Constitucional, 2004).

Sujetos titulares y obligados

Aunque el texto se refiere a “los españoles”, el TC ha extendido su ámbito de protección a los extranjeros (STC 107/1984) y, en determinados supuestos, a las personas jurídicas. Los obligados por el precepto son todos los poderes públicos —legislador, administración y órganos judiciales—, pero también los particulares, especialmente en ámbitos donde se ejerce poder social o económico relevante (por ejemplo, relaciones laborales o empresariales). La doctrina habla de una eficacia horizontal del principio de igualdad, que permite su proyección sobre las relaciones privadas.

Jurisprudencia constitucional destacada

  • STC 22/1981: El principio de igualdad no prohíbe todo trato desigual, sino sólo el carente de justificación objetiva y razonable.

  • STC 128/1987: La igualdad vincula tanto al legislador como a la aplicación administrativa y judicial.

  • STC 145/1991: Cualquier diferenciación requiere una finalidad legítima y proporcionalidad en los medios empleados.

  • STC 41/2006: Se reconoce la orientación sexual como causa de discriminación prohibida.

  • STC 17/2021: La desigualdad indirecta por razón de género vulnera el artículo 14 CE.

El TC, siguiendo el criterio del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), ha adoptado un test de razonabilidad y proporcionalidad, que exige verificar si la diferencia de trato persigue una finalidad legítima y si los medios empleados son adecuados y proporcionados.

Relación con otros preceptos constitucionales

El artículo 14 debe interpretarse en conexión con:

  • Art. 1.1 CE: fundamento en la libertad, justicia, igualdad y pluralismo político.

  • Art. 9.2 CE: mandato de promover la igualdad real y efectiva.

  • Art. 10 CE: dignidad de la persona como base del orden político.

  • Art. 53 CE: garantías procesales de los derechos fundamentales.

Por tanto, el artículo 14 no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de un bloque de constitucionalidad orientado a la realización de la justicia y la equidad.

Valoración doctrinal

Desde la perspectiva doctrinal, el artículo 14 se considera un “principio estructural del sistema jurídico” (De Vega, La igualdad en la Constitución Española, 1983). Su función no se limita a proteger frente a la discriminación directa, sino que sirve como canon de control de constitucionalidad de las leyes y de la actuación de los poderes públicos. La doctrina coincide en que el artículo 14 tiene una eficacia transversal: ilumina la interpretación de todo el ordenamiento jurídico y constituye una exigencia de racionalidad legislativa y administrativa. En definitiva, el principio de igualdad en la Constitución española no persigue la homogeneización, sino la equidad, entendida como tratamiento proporcional y razonable de las diferencias.

Conclusión

El artículo 14 de la Constitución Española de 1978 expresa la igualdad jurídica de todos los ciudadanos y prohíbe cualquier discriminación injustificada. Su interpretación por el Tribunal Constitucional ha consolidado una concepción dinámica y sustantiva de la igualdad, compatible con la diversidad social y con la exigencia de justicia material. En conjunción con el artículo 9.2 CE, este precepto orienta la acción de los poderes públicos hacia la eliminación de desigualdades reales, y se erige en garantía esencial de la dignidad humana, principio rector del Estado social y democrático de Derecho proclamado en el artículo 1.1 CE.

Bibliografía básica

  • De Otto y Pardo, I. (1991). Derechos fundamentales y libertades públicas. Tecnos.

  • Peces-Barba, G. (1999). Curso de Derechos Fundamentales. Universidad Carlos III de Madrid.

  • López Guerra, L. (2004). Derecho Constitucional. Tirant lo Blanch.

  • De Vega, P. (1983). La igualdad en la Constitución Española de 1978. Civitas.

  • Tribunal Constitucional, Sentencias 22/1981, 49/1982, 128/1987, 145/1991, 200/2001, 41/2006, 17/2021.

  • Tribunal Europeo de Derechos Humanos, caso Thlimmenos c. Grecia (2000).

El Partenón y la diosa Atenea: símbolo de Atenas y de la civilización

 


Introducción

El Partenón, erigido en la Acrópolis de Atenas en el siglo V a. C., constituye uno de los mayores testimonios arquitectónicos y artísticos de la civilización griega clásica. Su construcción fue emprendida durante la época de Pericles, bajo la dirección de los arquitectos Ictinos y Calícrates, y con la supervisión escultórica de Fidias. Más que un templo, el Partenón fue un símbolo político, religioso y cultural: estaba dedicado a la diosa Atenea Partenos, protectora de la ciudad, y reflejaba tanto el poderío ateniense como el ideal estético del clasicismo helénico.

Este artículo busca analizar la relación entre la divinidad tutelar y el edificio que la consagró en piedra, explorando el significado de Atenea para los atenienses, el simbolismo de la obra arquitectónica y su pervivencia cultural hasta nuestros días.

Atenea, protectora de la ciudad

Atenea era considerada la diosa de la sabiduría, la estrategia militar y las artes. Según el mito relatado por Apolodoro (Biblioteca, III, 14, 1), nació armada de la cabeza de Zeus, tras haber sido gestada en su mente, lo cual ya la vincula con el intelecto y la prudencia. En la disputa con Poseidón por el patronazgo de la ciudad, Atenea ofreció el olivo, símbolo de paz y prosperidad, frente a la fuente salobre del dios marino. Los atenienses escogieron el regalo de la diosa, que a partir de entonces se convirtió en su protectora.

El epíteto Partenos (“virgen”) hace referencia a su carácter inmaculado y a su dedicación exclusiva a la defensa y guía de la polis. En este sentido, el Partenón funcionaba no solo como un santuario religioso, sino como la materialización del pacto entre Atenea y Atenas: la diosa garantizaba la protección de la ciudad a cambio de la veneración de sus habitantes.

La construcción del Partenón

Tras las Guerras Médicas y la destrucción de los templos anteriores en la Acrópolis por los persas (480 a. C.), Atenas emprendió un ambicioso programa de reconstrucción bajo el liderazgo de Pericles. Tal como refiere Plutarco en su Vida de Pericles (XIII, 1–8), las obras del Partenón comenzaron en el 447 a. C. y concluyeron en el 432 a. C., poco antes del estallido de la Guerra del Peloponeso.

Los arquitectos Ictinos y Calícrates diseñaron un templo dórico períptero, de proporciones armoniosas (8 columnas en los frentes y 17 en los lados). No obstante, introdujeron innovaciones que desafiaban la rigidez del estilo: ligeras curvaturas en el estilóbato y el entablamento, inclinación de las columnas y variaciones en sus diámetros. Estas correcciones ópticas buscaban contrarrestar las ilusiones visuales, logrando una armonía perceptiva excepcional (Hurwit, 2004).

El escultor Fidias, amigo de Pericles, fue el encargado de la decoración escultórica y de la colosal estatua crisoelefantina de Atenea Partenos, de aproximadamente 12 metros de altura, realizada en oro y marfil. Según Pausanias (Descripción de Grecia, I, 24, 5), la estatua mostraba a la diosa erguida, armada con lanza y escudo, y con una figura de Niké (la victoria) en su mano derecha.

El programa escultórico

El Partenón destaca por la riqueza y coherencia de su decoración escultórica, que constituye un relato visual del ideario ateniense:

  1. Los frontones representaban mitos vinculados directamente con la diosa: en el oriental, el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus; en el occidental, la disputa entre Atenea y Poseidón por el patronazgo de Ática.

  2. Las metopas ilustraban escenas de luchas míticas: la Gigantomaquia, la Centauromaquia, la Amazonomaquia y la Guerra de Troya. Estas representaciones simbolizaban la victoria de la civilización sobre la barbarie, una metáfora de la superioridad cultural de Atenas frente a sus enemigos (Boardman, 1985).

  3. El friso interior de 160 metros mostraba la procesión de las Panateneas, la gran fiesta cívico-religiosa en honor a Atenea. Esta representación unía lo humano y lo divino: los atenienses se mostraban junto a los dioses olímpicos, subrayando la estrecha relación entre la polis y su protectora.

Este programa iconográfico vinculaba lo mítico y lo político, la historia de los dioses y la vida ciudadana, en un discurso visual que celebraba la identidad ateniense.

Función política y religiosa

Aunque el Partenón se concibió como un templo, su función fue singular. La estatua crisoelefantina de Atenea Partenos no estaba destinada al culto cotidiano, sino a la representación del poder y riqueza de la ciudad. Parte del oro que recubría la figura era desmontable y se utilizaba como reserva económica en tiempos de crisis, lo cual confirma su papel como símbolo cívico y político (Rhodes, 1995).

El Partenón también cumplía la función de tesoro: albergaba el botín de guerra y los fondos de la Liga de Delos, trasladados a Atenas en 454 a. C. Esta acumulación de riquezas reforzaba el poderío de la ciudad y justificaba la grandiosidad de las obras pericleas.

Desde el punto de vista religioso, el templo estaba consagrado a Atenea, pero las principales ceremonias en su honor se celebraban en el Erecteión y en el altar de la Acrópolis. Así, el Partenón debe entenderse más como un monumento conmemorativo de la hegemonía ateniense que como un espacio litúrgico.

Transformaciones a lo largo de la historia

El Partenón experimentó múltiples transformaciones a lo largo de los siglos. En época tardoantigua fue convertido en iglesia cristiana dedicada a la Virgen María (siglo VI d. C.), lo que alteró su decoración original. Tras la conquista otomana, se transformó en mezquita (1460), y en 1687 sufrió graves daños durante un ataque veneciano, cuando una explosión destruyó gran parte de su estructura.

En el siglo XIX, los llamados “Mármoles de Elgin” fueron extraídos y trasladados a Londres, donde permanecen en el Museo Británico. Esta expoliación ha generado un debate internacional aún vigente acerca de la restitución de estos elementos a Grecia.

Atenea y el legado cultural del Partenón

El Partenón y su diosa tutelar se convirtieron en referentes de la identidad griega y del ideal clásico. En la modernidad, el templo ha sido símbolo de la democracia ateniense y del nacimiento de la cultura occidental. Filósofos, artistas y viajeros del Grand Tour lo contemplaron como modelo de perfección estética.

Atenea, en tanto, trascendió el ámbito religioso para convertirse en emblema de la sabiduría, la ciencia y la protección de la ciudad. Su figura ha sido reinterpretada en distintas épocas como alegoría de la razón y del civismo.

Conclusión

El Partenón no fue un templo cualquiera, sino la obra que sintetizó en mármol la grandeza de Atenas y su vínculo con la diosa Atenea. Representó la unión entre religión y política, entre mito y poder, y su programa escultórico narró tanto los orígenes divinos de la ciudad como su vocación hegemónica.

Hoy, el Partenón sigue siendo un símbolo de la herencia cultural griega, de la búsqueda de la armonía estética y del valor universal del patrimonio histórico. Atenea, su diosa protectora, continúa habitando la memoria colectiva como paradigma de la sabiduría y de la fuerza cívica.

Bibliografía

  • Apolodoro. Biblioteca. Trad. J. G. Frazer. Harvard University Press, 1921.

  • Boardman, J. Greek Sculpture: The Classical Period. Thames and Hudson, 1985.

  • Hurwit, J. M. The Acropolis in the Age of Pericles. Cambridge University Press, 2004.

  • Pausanias. Descripción de Grecia. Trad. W. H. S. Jones y H. A. Ormerod. Harvard University Press, 1918.

  • Plutarco. Vidas paralelas: Pericles. Trad. B. Perrin. Harvard University Press, 1916.

  • Rhodes, P. J. Athenian Democracy and the Origins of the State. Oxford University Press, 1995.