Nací
en Bilbilis, en la provincia Tarraconense, una ciudad erguida sobre una colina
áspera, orgullosa de sus murallas, de sus termas y de su teatro. Nuestro
municipium había recibido el rango por Augusto, y desde entonces nos
considerábamos romanos en todo, salvo en la distancia que nos separaba de la
Urbe[1]. Allí crecí entre maestros que me inculcaron el amor por las letras,
pero pronto comprendí que la fama literaria no podía alcanzarse en Hispania. Roma era el centro del mundo. En ella habían brillado Séneca y Lucano, mis
compatriotas hispanos, caídos bajo Nerón[2]. Si yo quería que mi nombre no se
extinguiera en la provincia, debía emprender el mismo camino.
En torno al año 64 d.C., aún en el reinado de Nerón[3], partí de Bilbilis hacia
Caesaraugusta, colonia fundada por Augusto a orillas del Ebro[4]. Desde allí,
siguiendo las calzadas que cruzan la Tarraconense, me uní a mercaderes que
llevaban aceite y vino hacia Tarraco, capital de la provincia. Las mansiones de
posta y los campamentos legionarios nos recordaban que el poder de Roma se
extendía hasta los confines.
En Tarraco embarqué en una nave mercante. El mar era la vía más rápida hacia
Italia, aunque nunca segura. Compartí travesía con soldados licenciados,
comerciantes y esclavos destinados a Roma. El Mediterráneo era un mosaico de
culturas: hicimos escala en Massalia, en Córcega y en pequeños puertos donde la
diversidad del Imperio se mostraba en lenguas y rostros distintos.
La navegación no estuvo libre de peligros. Los marineros hablaban de piratas, y
más de una tormenta nos obligó a permanecer refugiados en bahías apartadas[5].
Yo, sin embargo, veía en todo ello una escuela de observación: la arrogancia de
un mercader, la resignación de un esclavo, la rudeza de los marineros. Todo era
materia futura para mis epigramas. Finalmente alcanzamos Ostia, el gran puerto de Roma. Allí comprendí lo que
significaba gobernar el mundo: grúas de madera descargaban trigo africano,
mármoles griegos y especias orientales[6]. Desde Ostia remonté el Tíber en una
embarcación fluvial. Cada recodo del río mostraba almacenes, villas y templos.
Y de pronto, Roma. Ninguna palabra basta para describir lo que sentí al ver
aquellas murallas, foros y acueductos. El bullicio me abrumó: pregoneros,
carros, sacerdotes, soldados y esclavos se mezclaban en un torbellino humano.
El Coliseo aún no estaba terminado —sería inaugurado bajo Tito en el 80[7]—,
pero los circos y teatros ofrecían espectáculos constantes.
Llegué con recursos modestos, confiando en mis versos más que en la fortuna.
Roma, bajo Vespasiano y luego bajo Tito, se reconstruía tras el gran incendio y
las guerras civiles[8]. Encontré protectores que me permitieron subsistir y,
con el tiempo, bajo Domiciano, alcancé cierta posición en los círculos
literarios[9].
Mis primeros años fueron difíciles. Sin tierras ni oro, dependía del patronazgo
y de la benevolencia de mecenas. Pero comprendí que Roma era un océano: podía
hundirme en él como tantos otros, o bien usar sus corrientes para hacerme oír.
Mis versos breves y mordaces, nacidos de la observación, fueron mi única
riqueza.
Hoy sé que aquel viaje desde Bilbilis fue más que un desplazamiento. Fue el
inicio de mi verdadera vida. Abandoné Hispania con temor, pero en Roma hallé la
ocasión de forjar memoria. Y aunque nunca dejé de recordar las colinas de mi
ciudad natal, entendí que solo en la capital del Imperio podía alcanzar la
inmortalidad de la palabra.
Notas
[1] Bilbilis Augusta fue elevada a municipium por Augusto (27 a.C.–14 d.C.).
Véase: A. Beltrán Martínez, *Bilbilis Augusta* (Madrid: CSIC, 1980).
[2] Séneca y Lucano, ambos hispanos, murieron tras la conjura de Pisón (65
d.C.), en época de Nerón. Véase: Tácito, *Anales* XV.
[3] Marcial nació en torno al 40 d.C. y viajó a Roma alrededor del 64 d.C. Cf.
Plinio el Joven, *Epist.* III, 21.
[4] Caesaraugusta fue fundada como colonia inmune hacia el 14 a.C.
[5] Estrabón describe los riesgos de la navegación mediterránea en *Geografía*
III, 4.
[6] El abastecimiento de Roma a través de Ostia está documentado en Suetonio,
*Vespasiano* VIII.
[7] El Coliseo fue inaugurado en el 80 d.C. bajo Tito. Cf. Dion Casio,
*Historia Romana* LXVI, 25.
[8] El gran incendio de Roma ocurrió en el 64 d.C.; las guerras civiles del
68–69 culminaron en la subida al poder de Vespasiano.
[9] Marcial dedicó muchos de sus libros a Domiciano. Cf. Marcial, *Epigrammata*
I, Praefatio.
Bibliografía
- Beltrán Martínez, A. *Bilbilis Augusta*. Madrid: CSIC, 1980.
- Marcial. *Epigrammata*. Ed. y trad. J. Domínguez. Madrid: Gredos, 1997.
- Plinio el Joven. *Cartas*. Ed. A. Fontán. Madrid: Gredos, 1999.
- Suetonio. *Vidas de los doce césares*. Ed. A. Ramírez de Verger. Madrid:
Alianza, 2012.
- Tácito. *Anales*. Ed. A. Ramírez de Verger. Madrid: Alianza, 2004.
- Dion Casio. *Historia Romana*. Ed. E. Cary. Loeb Classical Library.

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